María Corina Machado, la mujer que revivió la esperanza en Venezuela, gana el Nobel de la Paz 2025
Oslo, Noruega – 10 de octubre de 2025
En un anuncio que ha resonado como un rayo de esperanza en medio de la oscuridad política que envuelve a Venezuela, la líder opositora María Corina Machado ha sido galardonada con el Premio Nobel de la Paz 2025. El Comité Noruego del Nobel reconoció su «incansable labor en la promoción de los derechos democráticos del pueblo de Venezuela y por su lucha para lograr una transición justa y pacífica de la dictadura a la democracia».
Esta distinción, anunciada el pasado 10 de octubre, no solo celebra la tenacidad de una mujer de 58 años que ha desafiado al régimen chavista durante más de dos décadas, sino que también inyecta un nuevo vigor a la lucha por la libertad en un país sumido en crisis económica, social y política.
Machado, nacida el 7 de octubre de 1967 en Caracas, proviene de una familia con raíces en la industria del acero –su padre fue un magnate en ese sector–. Estudió ingeniería industrial en la Universidad Católica Andrés Bello y finanzas en el Instituto de Estudios Superiores de Administración (IESA), antes de embarcarse en una carrera política marcada por el activismo cívico. En 2002, fundó Súmate, una organización no gubernamental dedicada a promover la democracia y la transparencia electoral, lo que la posicionó rápidamente como una figura clave en la oposición al gobierno de Hugo Chávez. Su elección como diputada a la Asamblea Nacional en 2010, representando al estado Miranda, fue un hito que consolidó su rol como voz crítica del chavismo.

Sin embargo, el camino de Machado ha estado plagado de obstáculos impuestos por el régimen. En los momentos de mayor fortaleza del chavismo, ella se mantuvo inquebrantable, cuestionando abiertamente a Chávez y a su sucesor, Nicolás Maduro. Como respuesta, las autoridades venezolanas le aplicaron restricciones crecientes: le prohibieron salir del país, la despojaron de su cargo en la Asamblea Nacional en 2014 y la inhabilitaron para ocupar cargos públicos por 15 años en 2015, alegando vínculos con el «imperialismo» estadounidense. Estas medidas, vistas por muchos como represalias políticas, no hicieron más que fortalecer su imagen como la «bestia negra» del oficialismo.
Los eventos más recientes han intensificado su lucha. En octubre de 2023, Machado ganó abrumadoramente las primarias de la oposición con más del 92% de los votos, posicionándose como la candidata natural para las elecciones presidenciales de julio de 2024. Sin embargo, el Tribunal Supremo de Justicia ratificó su inhabilitación, obligándola a respaldar a Edmundo González Urrutia como su reemplazo. La oposición reivindicó una victoria aplastante en esos comicios, con actas electorales que mostraban a González con el 67% de los votos, pero Maduro se autoproclamó ganador, desatando protestas masivas y una represión que dejó decenas de muertos y miles de detenidos.

Manifestantes opositores en Caracas durante las protestas postelectorales de julio de 2024, exigiendo el reconocimiento de la victoria de la oposición.
Desde agosto de 2024, Machado se encuentra en la clandestinidad, evadiendo una orden de captura emitida por el régimen. A pesar de esto, ha continuado su activismo desde el exilio interno, llamando a la comunidad internacional a aumentar la presión sobre Maduro. En una entrevista reciente con CNN, instó al presidente estadounidense Donald Trump a «detener el apoyo a Maduro» y respaldar una transición democrática, argumentando que Venezuela está en «caos absoluto». Su partido, Vente Venezuela, fundado en 2012, se ha convertido en un baluarte liberal que aboga por la libertad económica y la democracia transparente.
El Nobel llega en un momento crucial. Según el Comité, Machado representa la «lucha por la democracia frente al autoritarismo en expansión». Esta no es la primera vez que el premio destaca esfuerzos en América Latina; en años recientes, galardones como el de 2022 a activistas bielorrusos y rusos por derechos humanos, o el de 2023 a Narges Mohammadi por su lucha en Irán, subrayan el énfasis en la defensa de la libertad. Para Machado, el premio es un «reconocimiento a todos los venezolanos que luchan por la libertad», como declaró en un video desde su escondite, visiblemente emocionada.
La reacción internacional ha sido abrumadora. Líderes como el secretario general de la ONU, António Guterres, felicitaron a Machado, destacando su «coraje inquebrantable». En Venezuela, miles de simpatizantes salieron a las calles en celebraciones espontáneas, ondeando banderas y coreando su nombre, reviviendo la esperanza que parecía extinguida tras las elecciones fraudulentas. Analistas como Jon Lee Anderson, en The New Yorker, sugieren que este galardón podría alterar las dinámicas diplomáticas, presionando a potencias como Estados Unidos y la Unión Europea a reconsiderar su enfoque hacia Maduro.
Pero no todo es celebración. El gobierno venezolano calificó el premio como una «provocación imperialista», y Maduro acusó al Comité Nobel de interferir en asuntos internos. A pesar de las amenazas, Machado insiste: «Este premio no es mío, es de un pueblo que sueña con un futuro libre». Su trayectoria, marcada por sacrificios personales –incluyendo la separación de su familia y riesgos constantes–, la convierte en un símbolo global de resiliencia.
Con este Nobel, Machado no solo revive la esperanza en millones de venezolanos que anhelan un cambio, sino que también envía un mensaje al mundo: la lucha por la democracia es universal y persistente. Mientras Venezuela enfrenta una crisis humanitaria con millones de emigrantes y una economía en ruinas, su voz resuena más fuerte que nunca, recordándonos que, incluso en la adversidad, la esperanza puede prevalecer.
